Traslamascara

Plutocracia, igualdades y desigualdades

Anoche disfruté en el Teatro Romano de Mérida de la representación de la obra de Aristófanes, Pluto, bien adaptada al momento actual pero cuyo argumento básico demuestra que los problemas de la vida de hoy no distan demasiado de los que preocupaban a los habitantes de Atenas hace 2.500 años.

Pluto, el dios del dinero, como se da y a quien se da, riqueza y pobreza, igualdad y desigualdad; escenificación de la historia misma del mundo en todas sus épocas.

En la democracia clásica griega de los tiempos de Aristóteles ó Sócrates ya asolaba la corrupción, la sensación de que los representantes del pueblo se dedicaban a cubrir sus necesidades propias de forma prioritaria, antes de las de quienes representaban, los tributos que soportaba el pueblo terminaban destinados a grandes obras públicas, muchas de ellas innecesarias, generando prebendas y donativos en las clases dirigentes. El pueblo protesta, se indigna, se revuelve …Pluto abre los ojos y la riqueza se equilibra.

Los esclavos no necesitan trabajar para obtener su sustento, las despensas de sus casas aparecen repletas, el vino sustituye el agua en sus jarras; el descanso ocioso se va abriendo camino sobre sus anteriores jornadas de trabajo.

La felicidad parece total, pero quienes antes paladeaban grandes vinos de reserva, rechazan los vinos cosecheros que ahora se ponen a mano de todos los ciudadanos. La igualdad en el acceso a los bienes, desmotiva el trabajo y el esfuerzo.

La necesidad de la pobreza es un argumento utilizado por las capas dirigentes para que el sistema funcione, pero el Estado debe arbitrar la atención a las necesidades básicas de sus ciudadanos; siendo necesario también un cierto margen para que la motivación humana encuentre sus canales de gratificación al mérito.

El maná caído del cielo no es un sistema para una sociedad avanzada construida sobre la cultura y el conocimiento, pero lo que tampoco puede ser, ni será admitido por los ciudadanos a largo plazo, es que en España hoy un trabajador obtenga en veintiún días, lo mismo que el CEO de su empresa en una hora (594 euros), esa diferencia salarial supone que este país es el cuarto de Europa con la brecha salarial más pronunciada, sólo superado por Rumanía, Ucrania y Rusia.

La crisis que estamos sufriendo, creada en los márgenes de la economía financiera, está suponiendo un empobrecimiento de las clases medias y bajas, incrementando de forma notable la brecha con la clase alta, especialmente por las políticas con las que se está actuando.

Nuestro sistema actual es una plutocracia, tal como la definía Bernard Shaw: “…la plutocracia, después de haber destruido el poder real por la fuerza bruta con disfraz de democracia, ha comprobado y reducido a la nada esta democracia. El dinero es el que habla, el que imprime, el que radia, el que reina, y los reyes, lo mismo que los jefes socialistas, tienen que acatar sus decretos y aún, por extraña paradoja, que suministrar los fondos para sus empresas y garantizar sus utilidades. Ya no se compra a la democracia: se la embauca”.


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